lunes, 8 de junio de 2009

Poemas De Alberto Ángel Montoya


1. Campo de Caza
A la sombra del bosque de tu oscura melena
me acechaban tus ojos como lagos siniestros.
El fuego de tus labios orientó mi camino
porque perdí la ruta cándida de tus brazos.
Mi ruego era un anuncio de huellas bajo el alba.
Vislumbré enardecido las cumbres de tus senos,
y al sentir el efluvio de tus vírgenes frondas
azucé mis lebreles por tus flancos desnudos.
A su raudo galope de besos, se ofrecían
en una primavera de incógnitos asombros,
los núbiles senderos florecidos de nardos
y las cálidas grutas de capitosos musgos.
Iniciaron colinas y ganaron florestas.
Y al final, ya enervados por las rutas ansiosas,
alígeros cayeron sobre el valle de nieve
donde temblaba inquieta la gacela escondida.
Mujer, maravillosa selva donde yo me he perdido
tú fuiste a mis instintos como un campo de caza.

2. Cita

Cómo era de hermoso el albo cuello
al quitarte la marta cibelina.
Cómo era la espalda de divina.
Cómo el hombro en su albor era de bello.
Emuló con sus uñas el destello
del diamante nupcial tu mano fina,
y cayó con la marta cibelina
tu pudor a mis manos desde el cuello.
Te cercaban batistas y pecados
y a un tiempo con tu veste descendía
mi caricia inicial por tus collados.
La tarde aún en tu diamante ardía,
pero al vagar por tus oscuros prados
la noche negra comenzó en tu umbría.

3. El Beso
Un pebetero erótica fragancia
de ámbar y nardo en el salón deslíe,
al par que en bronce un sátiro sonríe
impregnando de mal toda la estancia.
Verde malva es el traje, y tu elegancia,
porque a su encanto mi pasión confíe,
mientras las copas un efebo escancia,
perversamente en el diván se engríe.
Súbito el vino tu fervor desmaya
en un rictus de amor. Mi mano ensaya
buscar el seno repulido y breve.
Y cuando tú revives de la ignota
languidez pasional, mancha una gota
de sangre tibia tu mentón de nieve.

4. Las Copas

Para buscar el alma de los vinos

no me basta mi cáliz cincelado.

Quiero altas copas de cristal tallado

que imiten largos cuerpos femeninos.

Copas en cuyos bordes cristalinos

el vino fuera un beso prolongado,

ya que en todas las bocas que he besado

los besos fueron capitosos vinos.

Unas en cuya euritmia transparente,

nuestros ávidos ojos evocaran

giros de amor en cuerpos de serpiente.

Otras castas cual núbiles doncellas,

y tan frágiles, ay, que se quebraran

en nuestras manos al beber en ellas.

5. Cena

Una historia de ayer traza tu fino

labio en carmín, y es hoy en tus ojeras.

Y hay un collar de olvidos y de esperas

si se yergue tu cuello alabastrino.

Las orquídeas ensayan tu destino

en un haz de fugaces primaveras,

y se curvan tu labio y tus ojeras

a la vez sobre el llanto y sobre el vino.

Pero no lloras. Elegante y ducha

en el amor, sonríes a la pena.

Un llanto oculto con tu risa lucha,

y así bebes y ríes. Mas la cena

es ya el recuerdo de otra cena. Escucha:

son los "Cuentos de los bosques de Viena".

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